Vender producto en tu peluquería y llevar el stock sin libreta
En casi todos los salones hay una estantería con producto a la venta: champús, mascarillas, aceites, lacas. Y en casi todos pasa lo mismo: se recomienda en el lavacabezas, la cliente se lo lleva y ese cobro acaba metido en el servicio, apuntado en una libreta o en ningún sitio.
El resultado se ve a final de mes. No sabes cuánto has vendido de producto, no sabes qué te queda y te enteras de que se acabó la laca cuando alguien la pide. El producto es el margen más fácil del salón, y es el que peor se controla.
Por qué el producto se escapa
Casi nunca es un problema de voluntad. Es de sitio: el servicio se cobra en la caja y el producto vive en otra parte. Si para apuntar una venta de champú hay que abrir otro programa o coger un cuaderno, con el salón lleno no se apunta.
Por eso la solución no es «ser más ordenada». Es que vender un producto cueste lo mismo que cobrar un corte: un toque más en el mismo ticket.
El producto, en el mismo ticket que el servicio
En ClaudIA los productos viven dentro de la caja. Cada uno tiene su ficha con el nombre, la marca, la familia, el precio de venta, el de compra, el IVA y el código de barras. Cuando cobras la cita:
- Buscas el producto por el nombre, o pasas el lector de códigos de barras y entra directo.
- Va en el mismo ticket que el servicio, con su precio y su IVA.
- Al cobrar, sus existencias bajan solas. Nadie tiene que acordarse de restar.
Si el sistema cree que te quedan menos unidades de las que vendes, la caja te lo dice, pero la venta sale igual. El producto ya está en la mano de tu cliente; lo que queda es revisar el inventario, y el producto se marca para eso.
Las existencias: entradas, recuentos y mínimos
Las existencias de un producto no se escriben a mano: son la suma de todo lo que le ha pasado. Por eso cada cambio queda registrado con su motivo:
| Qué pasa | Qué haces | Qué queda apuntado |
|---|---|---|
| Llega el pedido | Pulsas «Entrada» y escribes las unidades | Una entrada, con quién la apuntó |
| Vendes en caja | Nada: lo hace el cobro | Una venta, con su ticket |
| Devuelves el ticket entero | Nada: lo hace la devolución | Una devolución, con su documento |
| Cuentas la estantería | Pulsas «Recuento» y escribes lo que hay | Un ajuste por la diferencia |
Así la pregunta «¿por qué tengo tres si ayer había seis?» siempre tiene respuesta: abres el historial del producto y ves cada movimiento con su fecha y su ticket.
A cada producto le pones además un mínimo. Cuando baja de ahí, la lista lo marca como «Bajo mínimos» y el resumen de arriba te dice cuántos hay, para que hagas el pedido antes de quedarte sin nada.
Quién toca qué
En un salón con equipo conviene separar dos cosas. Apuntar la mercancía que llega o contar la estantería lo puede hacer cualquiera: es quien está en el mostrador. El catálogo y los precios, en cambio, solo los cambia quien lleva el negocio. Así nadie baja un precio sin querer y el recuento no depende de que estés tú.
Lo que ganas al final del mes
Con el producto dentro del ticket, lo que vendes de estantería entra en el mismo cierre de caja que los servicios: nada que cuadrar aparte. Y el historial de cada producto te dice cuánto ha salido y cuándo, así que ves qué rota y qué se queda criando polvo en la estantería.
Es también la forma más directa de subir el ticket medio sin subir precios: recomendar lo que de verdad usas en el lavacabezas, y que cobrarlo no cueste nada.
Los pedidos a tus proveedores los sigues haciendo como ahora, con la lista de lo que está bajo mínimos delante. Y el asistente de WhatsApp y de voz se centra en las citas: los productos se venden en la caja. Tienes todo el detalle en productos y existencias, y el cobro completo en el TPV de tu peluquería.
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Productos y existencias
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